18 diciembre 2010

CARCASSONE


Ciudad medieval fortificada de Carcassone
**a simple vista parece un dominio de un cuento de hadas**
(imagen de la red)


A principios de este año en curso y después de un montón de tiempo con la esperanza de poder hacer el viaje, nos marchamos de casa en un fin de semana del mes de enero, haciendo ruta dirección al país vecino, ese tan querido por mi.
Alquilamos una casa rural, que no fue otra que una casita adosada de dos plantas, justo al pie de las murallas del castillo de Carcassonne, desde las ventanas, por un lado se veía la majestuosa muralla justo por donde enfilaba el sendero a su puerta Sud, la que tiene por nombre de Aude y por el otro se veía toda la parte baja de la ciudad junto al río Aude que transcurre plácidamente casi en paralelo al canal du midi. Esa casita está construida justamente en lo que antiguamente se denominaba la Barbacane, es lo que estaba justo a las afueras de las murallas y donde se habían instalado toda suerte de negocios, los cuales querían aprovechar el paso incesante de viajantes que entraban al castillo, así como los que abastecían de todo lo necesario a los nobles allí residentes y a los súbditos a su servicio, en aquellos tiempos curtidores de pieles, artesanos del vidrio, carpinteros, también panaderías, carnicerías, orfebres, herreros, herradores de caballos, etc... o incluso prestamistas, también se halla la iglesia de Saint Gimer.
(imagen particular, esta y todas a partir de ahora)

De buena mañana y después de desayunar, enfilamos el camino que nos conduciría a otra época, donde los caballeros de relucientes armaduras hacían sus entradas y salidas de dicho castillo y muchas veces volviendo sucios y heridos de las típicas contiendas que se realizaban en esos tiempos tan revueltos y donde nobles damas esperaban ansiosas y con el alma en un puño a sus esposos, amantes, hijos, hermanos, padres, etc..., donde la plebe transcurría afanosa por sus callejuelas en sus más diversos quehaceres y donde también se disputaban algunas riñas por un trago más o para obtener el favor de alguna dama de dudosa estirpe.
Una vez dentro, la magia surte efecto, nuestros ojos se ensanchan para absorber toda la información que reciben, mi cámara no da abasto en captar imágenes, en captar la esencia del lugar y llevármelo de vuelta a Barcelona. Calles empinadas, con sus desiguales adoquines, con sus canales en los laterales para desagüe de las casitas que allí se erigían, las cuales tenían sus escudos encima de sus puertas principales. Sus fachadas lucían esplendorosos artesonados, realzando sus ventanas y bajo techos.
Sencillamente aquello era otro mundo.


Continuará...
(KANET)



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