19 diciembre 2010

CARCASSONE (2)


Ciudad amurallada de CARCASSONE siglo XII
(imagen propia)


Una vez entras en esas callejuelas te invade un fuerte retroceso en el tiempo, este te transporta a una lejana época la cual se escribió para que tengamos nuestro presente.
El nombre de Carcassone deriva del nombre de una princesa sarracena, que fue protagonista de una anécdota histórica que ha sido elevada a leyenda. Todo ello se remonta a los tiempos de la ocupación musulmana y del emperador Carlomagno a principios del siglo VIII.
Tras ser ocupada por las fuerzas musulmanas que acaban de conquistar el reino visigodo de Hispania y sus posesiones de Septimania, la plaza fuerte de Carcaso se dispuso a afrontar un asedio emprendido por el ejército de Carlomagno que duró cinco años. Al frente de los caballeros que defendían la ciudad se encontraba la dama Carcas, pues su esposo había resultado muerto. Al debutar el sexto año del sitio, las provisiones de alimentos y agua comenzaron a escasear y Carcas ordenó entonces realizar un inventario de los recursos todavía disponibles. La población le presentó como únicos víveres un cerdo y un saco de trigo, pero a pesar de ello la dama Carcas ideó una estratagema, ordenando que se cebara el animal con todo el trigo contenido en el saco y a continuación, que se lanzara al pie de las murallas desde la torre más alta de la fortificación.
La reacción de Carlomagno y sus tropas ante el espectáculo del animal lleno de trigo que acababa de ser desperdiciado fue la de interpretar que los habitantes disponían de víveres en abundancia por lo que cayendo en el engaño y considerando inútil el ataque, dispusieron retirarse poniendo fin al asedio. A la vista del ejército imperial en retirada, Carcas ordenó que se hicieran sonar todas las campanas de la ciudad y fue en ese momento que uno de los hombres de Carlomagno exclamó:

** CARCAS SONA **

He ahí la forma en que surgió tal nombre, ya que en occitano se la conoce como **Ciutat de Carcassona** y en francés **Cité de Carcassone**

Busto de la Dama Carcas, situado frente a la puerta de Narbona
(imagen de la red)

Esta impresionante ciudadela que se conserva en tan buen estado debido a la restauración que se hizo de la misma en el sigo XIX, tiene como datos métricos un total de tres kilómetros de murallas, así mismo un total de 52 torres y dos fortificaciones concéntricas.
Subiendo por sus angostas y tortuosas calles, caminando por barrios de artesanos y gremistas, ahora ocupados por tiendecillas de recuerdos, hostales y restaurantes, nos acercamos hasta lo que realmente nos llamaba la atención, el castillo propiamente dicho, encontrándonos con aspectos que nos sacaban de ese tiempo ciertamente lejano, una taquilla por la cual bajo previo pago te cedían el paso a ese túnel del tiempo interrumpido brevemente pero sin contemplaciones. Teníamos delante nuestro la entrada a dicho túnel y su majestuosidad era realmente abrumadora, por fin nos dispusimos a dar los pasos necesarios para adentrarnos en él.

(ya una vez más con imágenes propias)

Una vez dentro, nos hallamos en un patio en forma de semicírculo que daba accedo a un puente de piedra, el cual salvaba un gran foso, hoy en día ajardinado y con animales en semi libertad, básicamente ciervos, patos, ocas y algún que otro faisán.



Cruzamos poco a poco ese puente, viendo avanzar hacia nosotros las dos imponentes torres, donde a lo lejos su infranqueable puerta se nos asemejaba pequeña, como cual puerta del cuento de Alicia en el país de las maravillas, pero grande y robusta se nos apareció al franquearla, entonces ya habíamos cambiado de cuento, parecíamos estar en el de Pulgarcito. Tenía unos cerrojos de unas dimensiones nunca vistas y una reja con unas púas puntiagudas que quedaba suspendida en lo alto, encima de nuestras cabezas. En ese trocito aceleré el paso, para qué negarlo jeje


Tras esa entrada ya si, por fin estaba donde quería estar, donde había deseado siempre estar, inmersa en mi cuento particular. Desembocamos en un gran patio, el patio de armas le denominaban, la visita era guiada pero mecánicamente pues te entregan según el idioma seleccionado unos aparatos que se llevan colgando del cuello, el cual puedes parar o accionar a tu antojo, ir hacia adelante o hacia atrás y te va relatando paso a paso por donde te halles en ese instante.


Subimos por unas amplias escaleras de piedra, donde estas nos conducirían aún estaba por ver pero lo que íbamos descubriendo a cada paso nos dejaba con un muy buen sabor de boca, pues aunque no estaba pródigamente decorado, lo que allí se conservaba nos hablaba por todo lo que faltaba. Llegamos a una segunda planta y ayudada por la modernización con que me habían obsequiado, esos "trastos colgantes", pude hacerme una idea de lo que se vivió allí, entre sus paredes. Me convertí por unos instantes en una noble dama que suspirando miraba por esos ventanales hacia un exterior incierto y abrumante.


Me estaban sirviendo un sueño en bandeja de plata, al cual no opuse resistencia alguna.


Continuará...

(KANET)



LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...