20 diciembre 2010

CARCASSONE (3)


Ciudadela medieval fortificada de Carcassone



En la región de Languedoc-Roussillon en el sur de Francia se encuentra la preciosa ciudadela medieval fortificada de Carcassone.

Declarada Patrimonio de la Humadidad por la Unesco el 4 de diciembre de 1997, en la actualidad residen en ella unos 120 habitantes, además de una gran variedad de tenderos y artesanos, ofreciendo todo tipo de objetos y recuerdos.


Aunque la ciudadela sea famosa por la fortificación medieval, cuyo cinturón exterior se construyó en el siglo XIII (con ello quedaba doblemente protegida), el lugar a estado ocupado desde el siglo VI a.C., primero fue un enclave galo, más tarde una ciudad romana, una plaza fuerte visigoda, estuvo ocupada por los musulmanes, capital del condado de Carcasona, vizcondado de Carcasona, para finalmente pasar a ser abandonada en el siglo XVII.


Subimos, bajamos, por un sin fin de estrechas escaleras en espiral, donde los pies apenas tenían cabida, de una torre a otra, por estrechos pasadizos, donde más de una intriga se debió dar lugar en los mismos.


Visión del mismo patio desde ambos extremos

Llegamos al último piso donde una galería cubierta daba acceso de una parte a la otra de la edificación y desde donde se podía apreciar unas vistas al exterior realmente bellas. Desde una de las torres daba acceso a las arpilleras protegidas en su totalidad por un techo, todo en madera, donde solo había unas rendijas donde los flecheros se apostaban para defender al castillo y donde estos no podían ser alcanzados a su vez por toda la protección con la cual habían sido dotados, pudiendo pasar de una parte a otra de la muralla interna del castillo sin ser alcanzados.


Estos pasillos defensivos donde estaban apostados los flecheros en tiempos revueltos, estaban totalmente suspendidos sobre el vacío, a varios metros por encima de suelo, debajo nuestros pies se hallaba el foso de la entrada.
Pasamos por ellos con un cierto respeto, pues particularmente eso de no tener los pies en el suelo no es que sea de mi agrado, pero no había otra, tenía que pasar, si o si y con cierta prisa pasé, hasta llegar a un nuevo torreón desde donde, antes de iniciar mi bajada hacía otra destinación en las dependencias del castillo, pude apreciar por sus aberturas, a modo de ventanales unas vistas sobre el mismo y sus alrededores, dignas de ser vistas por cualquier rey o en este caso, por una "noble dama"


Vistas del acceso al castillo por la puerta del Aude
Vistas del interior de la ciudadela con la Basílica de Sant Nazario al fondo

Recorrer esos dominios siguiendo unas huellas de tantos siglos me hacía estremecer, en muchas ocasiones mi cabeza daba vueltas, y no era por la altura, que también me afecta, sino de pensar en cuantas vicisitudes habían transcurrido entre esos muros, cuantas alegrías, cuantos pesares, lo que me llevó a pensar en lo poca cosa que somos cada uno de nosotros y en lo poco que aportamos o mucho según se mire. Vamos haciendo historia, somos parte de una historia, de la nuestra propia pero que afecta a todos y cada uno de nuestros semejantes, de los próximos y de los lejanos.
Solo fue un día recorriendo, siguiendo esas huellas y volviendo a pisar donde tantos lo hicieron antes, ello me quedó grabado, ya que habiendo pasado casi un año de ello, bien parece que fuera hoy que he estado. Visualizo cada uno de los rincones y ayudada por las fotografías recuerdo cada sensación percibida, cada olor, un olor a historia fecunda y rica, a pesar de los pesares, que fueron muchos.
No queda mucho por decir, pues nuestra visita toca a su fin, pero el sueño aún no ha terminado, el alba aún no despunta para abrir los ojos y darme cuenta de que mi sueño, solo fue eso, un sueño, un bonito sueño.

Continuará...


(KANET)



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