19 julio 2012

Acuérdate de ellas.


Cuando las rimas del alma,
con tu adiós dolido mueran,
hazme un último favor;
para, y acuerdate de ellas.
Recuerda cada suspiro
del trabajo de la siembra
de semillas y palabras
que ya no vendrán de vuelta
para alimentar la sangre
de la herida de tu ausencia.
Todavía me estremezco
con la voz de la tormenta,
con sus lamentos macabros
cuando cruzaste la puerta
hacia tu destino nuevo
repleto de vida nueva,
o quizá fuese la misma
la tristeza de tu senda.
El caso es que al fin, mis rimas
hiciéronse calaveras.

Dicen que a los fallecidos,
con cariño se recuerdan,
y por eso es que te pido;
¡recuerda a mis rimas muertas!

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