30 noviembre 2010

HONOR... ¿PARA QUE?




La lucha ha llegado a su fin,

hemos vencido, nadie nos ha podido.
Mi espada descansa en mi vaina
sedienta de más sangre, de algún mercenario vencido.

Miro el sol ponerse, sentado en el campamento,
y pienso, que quizás este no sea buen momento
de vítores, y de alegrías,
si no de autocrítica y pensamiento.

He luchado por mi vida, con coraje y valor,
he defendido mis ideas y mi gente,
pensando que eso engrandecería mi honor.
¿Más que honor merece un hombre,
si no está de acuerdo, y eso atormenta su mente?

Pienso en aquellos chicos,
no eras más que unos zagalillos,
portaban espadas y armaduras,
jactándose de como derribarían a sus rivales,
sus manos temblaban aferrando la empuñadura.
Ahora veo sus cuerpos y me duele
que hayan abandonado este mundo, entre muerte y amargura.

Miro el sol ponerse, su brillo es escarlata,
observo mi espada, empuñadura de plata,
una lágrima recorre mi mejilla
pensando en el dolor y las familias
que he roto, luchando por un emperador,
unos ideales y por un estúpido honor.

Ahora comprendo que este no es camino de gloria,
ni de oro ni de respeto,
es más bien, un cenagal, un pantano,
que te absorbe y te aferra con su potente mano.

Mis compañeros a mi lado celebran
la gran victoria, disfrutan de su gloria
más yo, sumido en mis sensaciones
llego a una conclusión.
No hay honor ni valor en un campo de batalla,
solo hay muerte, destrucción... nada
y un alma herida y no por una espada.

Camino en la oscuridad, sin mirar atrás,
rodeado de almas y de espectros,
siento la culpa en mis adentros,
en este yermo maldito,
solo quedará de mi un cuerpo vacío
y un perdón en forma de grito.



(HUGO)



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