28 noviembre 2010

EL SUEÑO ME VENCE


A través del cristal veo caer la nieve,
copo a copo, más bien diría que danzan
llevados por el gélido viento del Norte,
terminando por posarse suavemente.

Capa a capa va tapándolo todo,
va cubriendo el paisaje con un inmenso manto,
todo blanco, roto tan solo por algún tejado,
por algún árbol desafiante
que se resiste a soltar la última hoja.

Al calor de unos leños me acurruco,
me dejo llevar por mis pensamientos,
solo me distrae el crepitar doliente
de esos leños destinados a ser simple ceniza.

Oigo como silba el viento fuera,
la sensación de bienestar me acoge
al saberme al abrigo de un techo,
que me da tranquilidad y sosiego.

Junto a mi, somnoliento tengo a mi fiel amigo,
hecho un ovillo, respirando pausadamente,
ajeno a todo pero sin bajar la guardia,
él es mi fiel y peludo amigo Japo.

La furia de ese viento arrecia,
no se da ni un reposo, ni a mi,
me tiene intranquila, aunque esté acostumbrada,
fuera ya oscurece, desapacible noche vamos a tener.

Dejo el calor del hogar y me refugio entre mantas,
sin dejar de oír el incesante fragor de la ventisca,
con ella gimiendo fuera y el respirar tranquilo de Japo,
con esa dulce paradoja el sueño me vence.

Al alba unos tímidos rayos de sol me despiertan,
después de una noche horrible con ciertos desvelos.
Por fin parece que todo terminó,
pues no hay mal que cien años dure.





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