21 junio 2012

UNA DULCE RECOMPENSA


Dame tu mano
o las dos, como prefieras,
déjate llevar
por el dictado de tu corazón.

Ya sabes que este no erra
cuando selecciona a alguien,
que ve más allá
de lo que lo hacen los ojos.

Es un sentimiento que llena,
que satisface,
que te regenera por dentro
con su bombear constante.

Ese órgano latente
que nos mantiene en pie,
que nos indica que estamos vivos
y que debemos seguir lo que nos indica.

No hagamos que sufra
por culpa de lo que nuestra mente
le sugiera,
dejemos que él nos marque el camino.

Un camino que no será fácil,
a veces angosto y 
un verdadero pedregal,
pero donde nos lleve habrá luz y color.

Una dulce recompensa
por tan arduo camino, 
pero, ¿para qué son los amigos
si no es para que te tiendan sus manos?

Para compartir los duros
y buenos momentos,
la amistad no es tan solo reírse
sino también saber llorar en compañía.

(KANET)



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