09 junio 2012

¡QUÉ INGENUA!


¿Qué nos impide conocer el destino?
Nuestras propias limitaciones,
nuestras pobres cabezas
faltas de sentido común.

No hay sentido común
cuando simplemente
te busco entre la multitud
que impera en el lugar.

Te presiento, te percibo,
por fin te veo
y echo a correr
para retenerte.

Te alcanzo,
¡pero qué ingenua!,
con el paso del tiempo
sabré que te dejaste atrapar.

Que te dejaste ver,
que no echaste a correr,
que querías ser cazado
y retenido.

Y al recordarlo,
los dos nos echaremos a reír,
al descubrir que no hubo
ni cazador ni cazado.

(KANET)



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