24 octubre 2011

ERASE UNA VEZ...


Erase una vez... un suave y cálido viento que llegó a mi de manera fortuita, el caprichoso azar dejó su huella en un día como este de hace un año.
Soplaba constante y sin desfallecer ni un ápice, rodeando valles y montañas, atravesando llanuras, bosques y ríos, acariciando a su paso a hombres y mujeres, dejando su marca impresa en algunos de ellos de por vida. 
Podrá cesar en algún momento, podrá arreciar en otros, pero de lo que no hay duda es que  encontrará una y otra vez a esas almas sensibles que gustan de su caricia.
A mi me encontró, estaba mirando con la vista perdida en la lejanía y cuando menos me lo esperaba, desde el sur me llegó esa caricia hecha palabras, con su calidez me envolvió y me hizo sentir especial. El salero sureño le reboza por los poros, con una delicada ternura y una exquisita dulzura.
Una caricia con aroma a azahar y jazmín que va recogiendo a su paso por los patios y campos sureños, hasta llegar a rozarme con toda la elegancia de que es capaz de ostentar y hacerme arrancar verdaderos suspiros de placer.
La brisa marina que nos besa a los dos, es la que proviene de este mar mediterráneo que nos baña los sentimientos, es el mudo testigo del inmenso cariño que nos tenemos, es el espejo donde mirarnos en los días soleados o donde refugiarnos en las noches de luna llena.
Mi espejo mediterráneo
Con tu soplo incesante alivias mi soledad, me quitas las penas que me puedan aquejar, me haces compañía en esos largos días de tediosa rutina.
Eres consuelo para esta alma sensible, esta alma sedienta de saber, por dominar unas letras que al principio se me resistían pero que poco a poco se van doblegando ante el buen uso y el buen gobierno que me señalas. Soy esponja absorbente de tus indicaciones. Soy ese fino tallo que se deja mecer al compás de tu aliento y que gusta del mimo con que lo tratas.
Eres suave y delicado en ocasiones, fuerte y bravío en otras, ni cuando dejas de exhalar el cálido aire sureño puedo yo dejar de notar tu huella en mi. Estás en mi sentir y en mi vivir, eres parte de mi existir y eso no lo puede cambiar nadie por mucho que se lo proponga.
Si de repente, por tu ausencia sobreviniera la calma, no podría desear otra cosa que no fuera que tu cálido aliento esté dirigido en otra dirección. Yo sé con certeza que los vientos son cambiantes y que de la misma manera que un día soplas en una dirección, acto seguido puedes volver a darme la caricia esperada con tus finos dedos convertido en suave brisa.

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Te deseo que los vientos te vayan a favor
en todo momento,
y que los aniversarios se sucedan
uno tras otro,
que este sea el primero de muchos
que han de venir,
y que nuestra relación no se vea
dominada por la calma,
sino por los suaves y constantes
aires mediterráneos.


(KANET)



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