03 mayo 2011

JUSTICIA Y DESDÉN



Nadie podía suponer, que un hombre tuviera tanto poder.
Vivía sin más, tranquilo con su buena mujer…
Ella sonreía caminando por la calle,
En el parque, hablando con los niños inocentes…
Ocultaba su dolor, el de humillaciones indecentes.

Él tenia fama, era conocido, era un buen hombre decían todos…
¿Quién podría desconfiar, de un hombre educado y buen hablar
Gentil, y vecino ejemplar?

Mas una bestia habitaba en su interior, ella era su rehén…
Decía que la amaba cuando la golpeaba con desdén…
Anulándola, le decía “Es por tu bien”

Ella lloraba, cerraba sus puños, impotente,
Guardaba su furia, bajo un miedo incipiente…
Él llega a casa, alterado y bebido, y ella piensa
“no es el hombre… al que he conocido”.

Se arma de valor, y acude a la comisaría
Enfrente, piensa en su osadía…
Y vuelve sus pasos, con pesado caminar,
¿Acaso él no puede cambiar?

Craso error, no clamar justicia,
La situación continúa, golpe a golpe
Insultos, y humillaciones…

Guarda silencio, horribles sensaciones,
Hablar, no sirve de nada, con demonios deleznables
Solo las acciones, destuyen sus actos execrables

Ante el altar juró amor eterno…
Ella pensaba, que el dolor solo se sufría en el infierno.
Se dio de bruces con la realidad, y la combatió con rotundidad.
No hay miedo, no hay dolor, solo hay en ese hombre alcohol e inmundicia…
Ya era hora de gritar ¡¡¡Justicia!!!.

Su cara reflejaba frustración “Yo te quiero, mi amor”
Gritaba mientras era esposado…
Ella sonrió triunfal, con aire sosegado, le mostró su rostro amoratado,
“Si esto es tu amor, púdrete en el infierno, cariño”…
Agarró la mano de su hijo y volvió su espalda,
“No serás tú el padre, de este niño”.

(HUGO)





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