23 agosto 2010

MANOS


La oscuridad invade mi mundo,
me aplasta sin contemplaciones,
me quita el oxígeno para subsistir,
me tiene presa.

Mi alma grita para escapar de este dolor,
unas garras me aprisionan y me retienen,
me hago pequeña, dejo de ser alguien,
para convertirme .. ¿en qué?

Me agito, me remuevo, me revelo,
pero la oscuridad me vence casi siempre,
mis ojos no pueden con la carga que llevan,
quiero cerrarlos, si, eso es lo que me apetece ahora.

Quiero dormir un sueño largo y reparador, lo consigo,
más unos demonios avanzan hacia mí,
no están dispuestos a dejarme libre, ni en sueños,
a no dejar que mi corazón lata.

Más como en sueños todo es posible,
otros seres lo invaden, me quedo perpleja,
¿Que ocurre?¿Que hacen?,
¿Se enfrentan a los demonios?

Miro la escena desde la barrera, con ojos como platos,
¿Quienes son estos seres? .. lo raro es que me parece conocerlos,
sus faces me suenan de algo, entre brumas los diviso,
mis doloridos ojos intentan descubrir sus identidades.

El tiempo es tiempo, desde que empezó todo es así,
este inexorablemente pone a cada uno en su lugar,
por mucho que hagas y quieras cambiar el curso de lo establecido,
nada es para siempre y nada te es concedido de antemano.

Luchar, luchar y otra vez luchar,
total .. ¿para qué? .. si pueden llegar forasteros y desbaratarlo todo,
pero si vale la pena luchar, el corazón no entiende de maldades,
este órgano que no para, es mi motor, el motor de todos mis sentimientos.

Estos seres, aún sin cara en mis sueños, me dan la mano,
veo y noto un montón de manos que se tienden hacia mi,
otras tantas manos destruyen a los demonios que me tenían presa,
me devuelven la paz ansiada, me relajo, mi cuerpo se destensa.

Empiezo abrir los ojos, durante un instante miro donde estoy,
poco a poco, identifico el lugar, mis ojos siguen cansados y doloridos,
pero mi corazón está ya tranquilo, recuperó el sosiego perdido,
gracias a esas manos amigas, que ahora si sé de quienes son.

Unas manos que siempre han estado ahí, sus dueños lo son todo para mi,
de la nada surgieron, nos miramos unos instantes,
pero no con los ojos de la cara, sino con los del corazón,
esos que no engañan ni saben mentir.


(KANET)



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