25 junio 2014

Vivir.

Desconozco la de veces
que he intentado repetir
este sueño de vivir
un amor que late y crece
en el tiempo hacia el futuro,
en las horas del pasado
pero siempre hubo un muro
donde todo ha fracasado.
Cuando ya no lo esperaba,
empezó mi cuento de hadas
que esfumó mi soledad,
los tal vez y los quizás
porque tus versos castaños
me miraron e inspiraron,
despertaron y enseñaron
que las rosas del antaño
volverán a estar de moda
y dirán claras las cosas
en los tiempos de silencio
que se llena con miradas
con olor a madreselva
en tu sonrisa estrellada
tan blanca, tan luminosa
como una cumbre nevada
donde nadie ha puesto un pie.
No recuerdo ya el dolor
que se fue en el movimiento
que produce nuestro intento
de que no falte el color
cada día que regala
otra noche en esta sala
donde hallamos nuestro tiempo
para echar los contratiempos
que no sirven para nada.
Hace tanto que no siento
corazones en mi aliento
y ahora cuando me besas
con tus labios de princesa,
puedo ver lo que es el arte.
Solamente al contemplarte
bendecida, tan bonita,
natural, sin maquillaje
que tu piel no necesita
para llevarme hasta el cielo
infinito de tu pelo
se evapora la razón.
Y en tus luceros castaños,
que han borrado todo el daño
que el pasado a mí me hizo,
resucita el corazón,
cuando lanzas un hechizo.
Me has devuelto tú las ganas
de escribirte cada día
una nueva melodía
que poner en la ventana
de las ganas de vivir
si vivir es junto a ti.
Y vivir hasta el final
de todas las estaciones,
que la aurora boreal,
ya no espera corazones
por la pena adormecidos.
Y vivir si estoy contigo,
en lo bueno y en lo malo,
que tú eres el regalo
y la meta que persigo
para hallar al fin la calma
cuando me roza tu palma
al fingir estar dormido
y tú pones más empeño.
Y vivir en la locura
y volver a ser pequeño
en la curva de los sueños
que dibuja tu cintura.

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