05 mayo 2014

Complicidad


Se estrellaron las miradas,
me sacaste del infierno,
veraneaste en el invierno
donde mi alma hizo acampada
y es que al ver tu bañador
se rompió el congelador
que guardaba todo el fuego
que una vez brilló muy dentro
del latido y en su centro
que hoy a controlar no llego
por la magia del encuentro
con la reina de la magia.
Eres magia hecha de sueños,
yo no quiero ser tu dueño,
sólo quiero ser aquel
que te lleve el desayuno,
despertar mientras acuno,
en tus labios de pastel
una risa siempre nueva
que enloquece y que me eleva
al mejor de los regalos.
A pesar de mi pobreza,
de las camisas baratas,
en tu boca hecha de nata
está toda mi riqueza.
Al llegar a nuestra casa,
faltan muebles, faltan lujos
pero no falta el embrujo
de mi verso que te abraza
en un bello atardecer
al rozarse nuestra piel.
Al llegar a nuestro nido
nunca falta una palabra
ni unos brazos que se abran
para abrigarte del frío
que puedas sentir en tu alma
te doy el fuego de mi calma
que tú has vuelto a encender
y aunque en nuestro amanecer
no contemples un modelo,
podrás ver un simple hombre
que respira de tu nombre
y las flores de tu pelo
oliendo a complicidad.
Te doy mi vida sin prisas,
mañanas de cafetera,
sabores de primaveras,
y un amanecer de brisas
en los valles olvidados.
Te doy mi vida sin prisas
y este amor que es incurable,
que yo quieto ser culpable
del brillar de tu sonrisa.

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