23 abril 2014

Tan dulce, tan amargo

No hace falta que te pida
que me tengas en tus brazos
y dormir en las caricias
hechizadas de tus manos
llenas de luna y de noche
que se ven desde el tejado.
No hace falta que te diga
que me siento afortunado
del cruzar de los caminos
en aquel segundo mágico
que te vi tras el cristal
y me dije: la has soñado.
No lo cambio yo por nada
aunque no estés a mi lado.
Hoy te sueño junto a mí
con tu pelo negro y largo,
con tus ojos de hechicera,
color miel, aire temprano,
con tu voz del arco iris,
con tu cuerpo hecho de páramos.
Hoy te sueño junto a mí,
de tu boca me emborracho,
regalándome el café,
tan dulzón y tan amargo
que es saber que tú existes
pero de otro son tus labios.

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