06 marzo 2011

LA MAJESTUOSIDAD DEL LEÓN


Como un rayo lanzaste tu laudo,
con pesar, pero con decisión,

llorabas al hablar, para ti era un fracaso...
un día nublado
para mi,

la continuación de esta maldición.

Éramos felices, siempre nos entendimos.
Quizás fuera mi insistencia, mi noble corazón
sediento de tu amor, que reclamaba tu atención,
el que te dio miedo, quizás pavor...
y decidiste recluirte, en tu interior...

Tu alma es clara y cristalina, maldad en ti no habita
creo fervientemente, que de amor no está ahíta.
Algún día abriremos esa puerta,
que tanto tú como yo... hemos dejado abierta.

Pues tiempo al tiempo dice el refrán
las prisas no son buenas, ni arregla nada forzar,
pudimos vivir una mentira, hacernos daño,
y preferiste dejarlo, antes de arañar un corazón
que luce cual medallas, cicatrices, año tras año.

Más nada he hecho mal, tus palabras lo han constatado
he sido aquel que todas han soñado...
Sin depender de mi, espero agazapado
cual león enjaulado, a que abran mi celda
y así poder volar, y que puedas abrazar con gesto decidido
la majestuosidad del león, que tu misma has perdido.



(HUGO)




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