04 febrero 2011

MI BELLA GALIA


(imagen particular, es lo que se veía desde el balcón de la casa rural en que estábamos)

***
Las brumas toman posesión
de lo que el prólogo de un nuevo día
nos ofrece bajo sus primeras luces,
sin vergüenza ni decoro.

Un país de contrastes,
donde cada rincón visitado
nos relataba su historia,
una historia incrustada en sus muros.

Mi bella galia,
país de viñedos,
luz y color,
como así de intensos fríos.

Pisaba aquella tierra
que me vio nacer,
dar mis primeros pasos,
como así enlazar mis primeras palabras.

Después de varios años
alejada de ella, he vuelto a ella
para que en silencio y sin prisas
me relate su devenir en el tiempo.

Callada delante de ella,
sola con el arrullo del suave viento,
me expresaba su añoranza por mi,
por esas risas y esas lágrimas derramadas.

Cada una de sus piedras,
de sus campos,
de sus viñedos,
reclamaban mis caricias una vez más.

Con mi vista empañada
por los recuerdos,
por las vivencias de mi niñez,
en la cual me hallaba ajena a mi devenir.

Nadie sabía donde terminaría,
ni ella pudo avisarme de todos los cambios,
de lo que dejaría atrás si me iba,
de lo que descubriría si me iba.

Todos los cambios traen
grandes descubrimientos,
algunos agradables y otros no tanto,
pero todos necesarios para crecer.

Con mi vista perdida en la lejanía,
con algún suspiro escapándose
de mi emocionado pecho,
reviví esos primeros años de mi vida.

Once años, tres hogares distintos,
dos colegios, muchos amigos,
una sola familia,
unida lejos de sus raíces.

El tiempo pasa,
deja su inexorable huella
en todo lo que toca a su paso,
pero ahí estamos como testimonio de ello.


(KANET)





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